No ha muerto, no, por más que lo aseguren
los respetables fastos de la historia,
aquel noble estatuario Praxiteles
a quien tanto la fama nos pregona.
No ha muerto, no, repito; pues aún vive
o ya infundiendo espíritu a los bronces,
o animando los mármoles que toca.
Yo mismo soy testigo: lo he visto
eternizar en México sus glorias
con la célebre estatua del Rey Carlos,
estatua digna de la Grecia docta.
Praxiteles, sin duda, varió el nombre;
ausentóse de Atenas y de Rodas,
y tocando en la América, ha querido
vivir oculto con llamarse Tolsa.
Sacado del libro: El Palacio de Minería. Nueva Dimensión Arte Editorial, S.A.(1977).