Al caminar por el centro histórico de la ciudad de México, no deja uno nunca de apreciar las magníficas construcciones que esta ciudad nos brinda, una de las maravillas en arquitectura colonial es sin duda la Iglesia de Loreto, que presenta su soberbia cúpula y una contradictoria volumétrica, con su barroquismo interior que ejerce un gran atractivo para todos los críticos del arte. Son los edificios los que mantienen el sabor de la vida y que le dieron el nombre de la ciudad de los palacios.
La iglesia de Loreto, construida durante cuatro etapas, desde la inicial y antigua capilla que se destinó como bautisterio de la iglesia de san Pedro y San Pablo, a partir del año de 1809 a 1816, corresponde al estilo neoclásico de Don Manuel Tolsá, encargado desde el proyecto original. Lo interesante de la historia acerca de quien la construyó, es que se rumoró que fue Don Antonio Bassoco, regidor del ayuntamiento, quien fue realmente el que encargó dicho proyecto al arquitecto Tolsá, con un presupuesto de 300.000 pesos.
Con dicho proyecto el arquitecto, a quien se le acusa del hundimiento de la escalera del Palacio de Minería, redimiría su mala fama ganada por dicho caso. Así es como Tolsá quiso coronar su carrera de arquitecto, moderno, audaz y cuya concepción espacial mejoraría la de la catedral y la de minería, se dice que con este objetivo se planeó la construcción de la iglesia de Loreto.
Pocas oportunidades tan extraordinarias como esta, ya que el género religioso permitió tal derroche de espacios, al proyectar una enorme cúpula de casi 30 metros de diámetro, que bien pueden ser grandes rivales de las construcciones francesas de Fontaine y el panteón de Percier, por lo que Manuel Tolsa ofreció poner de su bolsa una considerable cantidad.
La parte importante de dicha construcción es sin duda la cúpula, que es el centro de la composición, que se asienta en grandes muros y contrafuertes muy poderosos que se aprovecha al exterior, para continuar horizontalmente con el pórtico principal, rematado por torrecillas que aprecian un verdadero tema espacial, que dicha cúpula proyecta con gajos, comparándose con la catedral. Esta maravillosa construcción se enmarca con tres arcos de medio punto, simétricamente, para rematar lo que es el pórtico de entrada de frontón, cuya base continuaba los lunetos elípticos que sobre el tambor o arranque de la cúpula iluminaría que se mantiene escondida por la fachada actual.
Una de las obras más sobresalientes de la arquitectura de Manuel Tolsá se decora con la Plaza de Loreto que contienen una interesantísima historia, ya que es donde antiguamente se encontraba un terreno que perteneció a la Parroquia de San Sebastián, donde se estableció la compañía de Jesús, otorgándole el nombre de Plaza de San Gregorio, donde al paso del tiempo las Carmelitas descalzas edificaron la iglesia de santa Teresa la Nueva, en el siglo XVIII, aunque actualmente algunas personas conocen como Plaza de Santa Teresa y otras la llaman Plaza de Loreto.
Debido al peso que presentaba la iglesia de la Virgen de Loreto para el Colegio Real de Nuestra Señora de Guadalupe, conocido en esa época como el colegio de las inditas, fue una de las causas por las que este majestuoso edificio se dio al abandono y ésta se inclinó hacia el lado este, siendo en el año de 1835 que la imagen se trasladó del Colegio de San Pedro y San Pablo, ya que se tenía miedo de que la iglesia se derrumbara, así, en el año de 1850 la imagen de la virgen se regresó a su iglesia, comprobándose que ya no existía ningún peligro.
Por circunstancia ajenas, a finales del siglo XIX la iglesia pasó de los Jesuitas a los hermanos del sagrado Corazón. Con todos estos cambios, acercándose la celebración del centenario de la independencia, se planearon ciertos cambios en las plazas de la ciudad de México y uno de los cambios fue en el año de 1929, fue que se decidió decorar la plaza con la fuente de la libertad, ubicándose en la plaza de Loreto en sustitución de la fuente que se encontraba en dicha plaza, esta magnífica fuente se encuentra en la esquina formada por las calles de San Ildefonso y Justo Sierra con Loreto.
Fuente: Wilfrido Ávila, El Sol de Cuernavaca